Navegamos en el mismo mar que nuestra sociedad, pero la Vida Religiosa en distinto velero. Me parece una distinción a tener en cuenta. Y quizá discutible. A ver lo que descubrimos en la travesía.
from Ciudad Redonda http://ift.tt/1w685Rq
via IFTTT
Noticias, reflexiones, meditaciones, información, tecnología, todo lo que pueda sernos útil en nuestro diario vivir para "buscar y hallar la Voluntad de Dios en la disposición de nuestras vidas, y una vez hallada, Vivirla!!!"
Navegamos en el mismo mar que nuestra sociedad, pero la Vida Religiosa en distinto velero. Me parece una distinción a tener en cuenta. Y quizá discutible. A ver lo que descubrimos en la travesía.
En el pórtico de la Cuaresma, las lecturas nos llamaban al ayuno, a la limosna y a la oración. Hoy se nos instruye de manera especial en la oración cristiana que, como dice Jesús en el Evangelio, no consiste en dar gritos ni en hacer aspavientos, sino todo lo contrario.
Si quieres avanzar por el camino del Señor sin caer en el error del subjetivismo, y acertar siempre con la dirección adecuada, deberás tener en cuenta lo que Dios reveló a Moisés y que es precisamente la vocación de todos a la santidad: “El Señor habló a Moisés: -«Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: "Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lev 19, 1-2).
Desde el primer domingo de Cuaresma, las lecturas nos ofrecen la perspectiva de la Pascua. Gracias a quien será levantado en alto, vendrá sobre la tierra la Alianza definitiva, no solo la que selló Dios con Noé -“Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes.
Acabamos de iniciar el tiempo de Cuaresma. En los primeros días, la Liturgia de la Palabra está desplegando el mapa de nuestro recorrido. Nos anticipa las actitudes que nos conviene mantener en la travesía y el equipaje necesario para el camino.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
En Cuaresma, se nos invita a la penitencia y los viernes de manera especial. Sin embargo, no se puede perder de vista el sentido cristiano de la ascesis, que no es otro que el deseo de compadecer con Cristo y con quienes sufren hoy los rigores de la Pasión del Señor.
La Cuaresma es tiempo de renovar alianzas: “Yo hago un pacto con vosotros”, nos recuerda la primera lectura varias veces. Dios después del diluvio hace una alianza universal con Noé y con toda la creación.