domingo, 1 de octubre de 2017

Homilía del Papa en Bolonia: «La Palabra, el Pan y los Pobres: las tres P de referencia para el cristiano»

(RV).- El Papa Francisco culminó su intensa jornada de visita pastoral a las ciudades italianas de Cesena y Bolonia, celebrándo es esta última una misa en el estadio Dall’Ara. 

A continuación las palabras del Santo Padre:

Celebro con ustedes el primer domingo de la Palabra: la Palabra de Dios hace el arder el corazón (cf. Lc 24,32), porque nos hace sentir amados y consolados por el Señor. También Nuestra Señora de San Lucas, el evangelista, puede ayudarnos a entender la ternura materna de la palabra "viva", y al mismo tiempo "aguda" como en el Evangelio de hoy: de hecho, penetra en el alma (Efesios 4:12) y saca los secretos y las contradicciones del corazón.

Hoy, nos apela a través de la parábola de los dos hijos, que ante el pedido del padre de ir a su viña responden: El primero no, pero luego va; el segundo sí, pero luego no va. Hay, sin embargo, una gran diferencia entre el primer hijo, que es perezoso, y el segundo, que es hipócrita. Intentemos imaginar lo que pasó dentro de ellos. En el corazón del primero, después de decir no, resonaba aún la invitación de su padre; en cambio en el segundo, a pesar del “sí”, la voz de su padre fue enterrada.

Pecadores en camino y pecadores sentados

El recuerdo del padre levantó al primer hijo de la pereza, mientras que el segundo, que tenía una buena predisposición contradijo "el decir con el hacer". De hecho, se había convertido en impermeable a la voz de Dios y de la conciencia, que de esta forma había abrazado sin problemas la dualidad de la vida. Jesús con esta parábola pone dos caminos por delante de nosotros, que como experimentamos, no siempre estamos dispuestos a decir sí con palabras y obras, porque somos pecadores. Pero podemos elegir entre ser pecadores en camino, que permanecen escuchando al Señor y cuando caen se arrepienten y se levantan, como el primer hijo; o ser pecadores sentados, listos para justificarse siempre y sólo en palabras según aquello que les conviene. 

Estas palabras Jesús las dirije a algunos jefes religiosos de aquel tiempo, que se parecían al hijo de la “doble vida”, mientras que la gente común normalmente se comportaba como el otro hijo. Estos jefes sabían y explicaban todo, en un modo formalmente intachable, como verdaderos intelectuales de la religión. Pero no tenían la humildad de escuchar, el coraje de preguntarse, ni la fuerza de arrepentirse. Y Jesús es muy severo: dice que incluso los publicanos les preceden en el Reino de Dios. Es una reprensión fuerte, porque los publicanos eran los corruptos traidores de la patria. ¿Cuál era entonces el problema de estos jefes? No estaban equivocados en el concepto, sino en el modo de vivir y pensar delante de Dios: eran, en palabras y con los otros, custodios inflexibles de las tradiciones humanas, incapaces de comprender que la vida según Dios es “en camino” y requiere la humildad de abrirse, arrepentirse y recomenzar.

La palabra clave es "arrepentirse"

¿Qué nos dice ésto a nosotros? Que no existe una vida cristiana con reglas fijas, construida científicamente en la cual basta con cumplir algunas normas para tranquilizar la conciencia: la vida cristiana es un camino humilde de una conciencia que nunca es rígida y siempre está en relación con Dios, que sabe arrepentirse y confiarse a Él en su propia pobreza, sin presumir nunca de bastarse por sí misma.

Así se superan las versiones revisadas y actualizadas de aquel mal antiguo, denunciado por Jesús en la parábola: la hipocresía, la doble vida, el clericalismo que se acompaña del legalismo, el alejamiento de la gente. La palabra clave es arrepentirse: es el arrepentimiento lo que permite no endurecerse, el transformar un no a Dios...en un sí, y el sí al pecado...en un no por amor al Señor. La voluntad del Padre, que cada día delicadamente habla a nuestra conciencia, se cumple sólo en la forma del arrepentimiento y de la conversión continua. En definitiva, en el camino de cada uno hay dos caminos: ser pecadores arrepentidos o ser pecadores hipócritas. Porque lo que cuenta no son los razonamientos que justifican e intentan salvar las apariencias, sino un corazón que avanza con el Señor, que lucha cada día, se arrepiente y regresa a Él. Porque el Señor busca a los puros de corazón y no a los "puros por fuera". 

Buscar el encuentro hacia un nuevo equilibrio

Veamos ahora, queridos hermanos y hermanas, que la Palabra de Dios excava en profundidad, “discierne los sentimientos y los pensamientos del corazón” (Eb 4, 12). Pero es también actual: la parábola nos llama incluso a pensar en las relaciones, no siempre fáciles, entre padres e hijos. Hoy en día, a la velocidad con la que se pasa de una generación y a la otra, se advierte con mayor fuerza la necesidad de autonomía del pasado, a veces hasta llegar a la rebelión. Pero después de los encierros y los largos silencios de una parte a la otra, es bueno recuperar  el encuentro, aunque sea vivido entre conflictos ya que estos pueden convertirse en estímulo de un nuevo equilibrio. Como en la familia, así en la Iglesia y en la sociedad: nunca renunciar al encuentro, al diálogo, a la búsqueda de nuevas vías para caminar juntos.

Las tres "P" como referencia en el caminar cristiano

En el camino de la Iglesia surge a menudo la pregunta: ¿hacia dónde caminar, cómo caminar hacia adelante? Quisiera dejarles como conclusión de esta jornada, tres puntos de referencia , tres “P”: La primera es la Palabra, que es la brújula para caminar en la humildad, para no perder el camino de Dios y caer en la mundanidad.

La segunda es el Pan, el pan eucarístico, porque en la Eucaristía comienza todo. Es en la Eucaristía donde se encuentra la Iglesia: no en las habladurías y murmullos, sino aquí, en el Cuerpo de Cristo compartido por gente pecadora y con necesidad, pero que se siente amada  y por tanto desea amar. De aquí se parte y nos reencontramos cada vez; este es nuestro inicio irrenunciable del nuestro ser Iglesia. Lo proclama “ad alta voce”, el Congreso Eucarístico: la Iglesia se congrega así, nace y vive en torno a la Eucaristía, con Jesús presente y vivo para ser adorado, recibido y compartido cada día.

Por último, la tercera P: los Pobres. Aún hoy, lamentablemente muchas personas carecen de lo necesario. Pero también hay tantos pobres de afecto, personas solas, y pobres de Dios. En todos ellos encontramos a Jesús, porque Jesús en el mundo ha seguido el camino de la pobreza, del anulamiento, como dice San Pablo en la segunda lectura: “Jesús se abaja a sí mismo asumiendo una condición de siervo”(Fil 2,7). De la Eucaristía a los pobres, vamos a encontrar a Jesús. Ustedes han reproducido la frase que el cardenal Lercaro amaba ver puesta en el altar: “Si compartimos el pan del cielo, ¿cómo no compartir el pan de la tierra?”. Nos hará bien recordarlo siempre. La Palabra, el Pan y los Pobres: pidamos la gracia de no olvidarnos nunca de estos alimentos- base, que sostienen nuestro camino.

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(SL-RV)

(from Vatican Radio)

(RV).- El Papa Francisco culminó su intensa jornada de visita pastoral a las ciudades italianas de Cesena y Bolonia, celebrándo es esta última una misa en el estadio Dall’Ara. 

A continuación las palabras del Santo Padre:

Celebro con ustedes el primer domingo de la Palabra: la Palabra de Dios hace el arder el corazón (cf. Lc 24,32), porque nos hace sentir amados y consolados por el Señor. También Nuestra Señora de San Lucas, el evangelista, puede ayudarnos a entender la ternura materna de la palabra "viva", y al mismo tiempo "aguda" como en el Evangelio de hoy: de hecho, penetra en el alma (Efesios 4:12) y saca los secretos y las contradicciones del corazón.

Hoy, nos apela a través de la parábola de los dos hijos, que ante el pedido del padre de ir a su viña responden: El primero no, pero luego va; el segundo sí, pero luego no va. Hay, sin embargo, una gran diferencia entre el primer hijo, que es perezoso, y el segundo, que es hipócrita. Intentemos imaginar lo que pasó dentro de ellos. En el corazón del primero, después de decir no, resonaba aún la invitación de su padre; en cambio en el segundo, a pesar del “sí”, la voz de su padre fue enterrada.

Pecadores en camino y pecadores sentados

El recuerdo del padre levantó al primer hijo de la pereza, mientras que el segundo, que tenía una buena predisposición contradijo "el decir con el hacer". De hecho, se había convertido en impermeable a la voz de Dios y de la conciencia, que de esta forma había abrazado sin problemas la dualidad de la vida. Jesús con esta parábola pone dos caminos por delante de nosotros, que como experimentamos, no siempre estamos dispuestos a decir sí con palabras y obras, porque somos pecadores. Pero podemos elegir entre ser pecadores en camino, que permanecen escuchando al Señor y cuando caen se arrepienten y se levantan, como el primer hijo; o ser pecadores sentados, listos para justificarse siempre y sólo en palabras según aquello que les conviene. 

Estas palabras Jesús las dirije a algunos jefes religiosos de aquel tiempo, que se parecían al hijo de la “doble vida”, mientras que la gente común normalmente se comportaba como el otro hijo. Estos jefes sabían y explicaban todo, en un modo formalmente intachable, como verdaderos intelectuales de la religión. Pero no tenían la humildad de escuchar, el coraje de preguntarse, ni la fuerza de arrepentirse. Y Jesús es muy severo: dice que incluso los publicanos les preceden en el Reino de Dios. Es una reprensión fuerte, porque los publicanos eran los corruptos traidores de la patria. ¿Cuál era entonces el problema de estos jefes? No estaban equivocados en el concepto, sino en el modo de vivir y pensar delante de Dios: eran, en palabras y con los otros, custodios inflexibles de las tradiciones humanas, incapaces de comprender que la vida según Dios es “en camino” y requiere la humildad de abrirse, arrepentirse y recomenzar.

La palabra clave es "arrepentirse"

¿Qué nos dice ésto a nosotros? Que no existe una vida cristiana con reglas fijas, construida científicamente en la cual basta con cumplir algunas normas para tranquilizar la conciencia: la vida cristiana es un camino humilde de una conciencia que nunca es rígida y siempre está en relación con Dios, que sabe arrepentirse y confiarse a Él en su propia pobreza, sin presumir nunca de bastarse por sí misma.

Así se superan las versiones revisadas y actualizadas de aquel mal antiguo, denunciado por Jesús en la parábola: la hipocresía, la doble vida, el clericalismo que se acompaña del legalismo, el alejamiento de la gente. La palabra clave es arrepentirse: es el arrepentimiento lo que permite no endurecerse, el transformar un no a Dios...en un sí, y el sí al pecado...en un no por amor al Señor. La voluntad del Padre, que cada día delicadamente habla a nuestra conciencia, se cumple sólo en la forma del arrepentimiento y de la conversión continua. En definitiva, en el camino de cada uno hay dos caminos: ser pecadores arrepentidos o ser pecadores hipócritas. Porque lo que cuenta no son los razonamientos que justifican e intentan salvar las apariencias, sino un corazón que avanza con el Señor, que lucha cada día, se arrepiente y regresa a Él. Porque el Señor busca a los puros de corazón y no a los "puros por fuera". 

Buscar el encuentro hacia un nuevo equilibrio

Veamos ahora, queridos hermanos y hermanas, que la Palabra de Dios excava en profundidad, “discierne los sentimientos y los pensamientos del corazón” (Eb 4, 12). Pero es también actual: la parábola nos llama incluso a pensar en las relaciones, no siempre fáciles, entre padres e hijos. Hoy en día, a la velocidad con la que se pasa de una generación y a la otra, se advierte con mayor fuerza la necesidad de autonomía del pasado, a veces hasta llegar a la rebelión. Pero después de los encierros y los largos silencios de una parte a la otra, es bueno recuperar  el encuentro, aunque sea vivido entre conflictos ya que estos pueden convertirse en estímulo de un nuevo equilibrio. Como en la familia, así en la Iglesia y en la sociedad: nunca renunciar al encuentro, al diálogo, a la búsqueda de nuevas vías para caminar juntos.

Las tres "P" como referencia en el caminar cristiano

En el camino de la Iglesia surge a menudo la pregunta: ¿hacia dónde caminar, cómo caminar hacia adelante? Quisiera dejarles como conclusión de esta jornada, tres puntos de referencia , tres “P”: La primera es la Palabra, que es la brújula para caminar en la humildad, para no perder el camino de Dios y caer en la mundanidad.

La segunda es el Pan, el pan eucarístico, porque en la Eucaristía comienza todo. Es en la Eucaristía donde se encuentra la Iglesia: no en las habladurías y murmullos, sino aquí, en el Cuerpo de Cristo compartido por gente pecadora y con necesidad, pero que se siente amada  y por tanto desea amar. De aquí se parte y nos reencontramos cada vez; este es nuestro inicio irrenunciable del nuestro ser Iglesia. Lo proclama “ad alta voce”, el Congreso Eucarístico: la Iglesia se congrega así, nace y vive en torno a la Eucaristía, con Jesús presente y vivo para ser adorado, recibido y compartido cada día.

Por último, la tercera P: los Pobres. Aún hoy, lamentablemente muchas personas carecen de lo necesario. Pero también hay tantos pobres de afecto, personas solas, y pobres de Dios. En todos ellos encontramos a Jesús, porque Jesús en el mundo ha seguido el camino de la pobreza, del anulamiento, como dice San Pablo en la segunda lectura: “Jesús se abaja a sí mismo asumiendo una condición de siervo”(Fil 2,7). De la Eucaristía a los pobres, vamos a encontrar a Jesús. Ustedes han reproducido la frase que el cardenal Lercaro amaba ver puesta en el altar: “Si compartimos el pan del cielo, ¿cómo no compartir el pan de la tierra?”. Nos hará bien recordarlo siempre. La Palabra, el Pan y los Pobres: pidamos la gracia de no olvidarnos nunca de estos alimentos- base, que sostienen nuestro camino.

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(SL-RV)

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lunes 2 Octubre 2017 : Libro del Exodo 23,20-23.

Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado. Respétalo y escucha su voz. No te rebeles contra él, porque no les perdonará las transgresiones, ya que mi Nombre está en él. Si tú escuchas realmente su voz y haces todo lo que te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. Entonces mi ángel irá delante de ti y te introducirá en el país de los amorreos, los hititas, los perizitas, los cananeos, los jivitas y los jebuseos, y los exterminará.

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lunes 2 Octubre 2017 : Salmo 91(90),1-2.3-4.5-6.10-11.

Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso, di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío». Él te librará de la red del cazador y de la peste perniciosa; te cubrirá con sus plumas, y hallarás un refugio bajo sus alas. No temerás los terrores de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las tinieblas, ni la plaga que devasta a pleno sol. No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa, porque Él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos.

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lunes 2 Octubre 2017 :



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lunes 2 Octubre 2017 : Evangelio según San Mateo 18,1-5.10.

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?". Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo. Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial."

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lunes 2 Octubre 2017 : Commentary Orígenes

Los ángeles descienden a los que tiene que salvar. «Los ángeles subían y bajaban sobre el Hijo del hombre» (Jn 1,15); y «se le acercaban y le servían» (Mt 4,11). Ahora bien, los ángeles descendían porque Cristo había descendido el primero; temían descender antes de que se lo ordenara el Señor  de la fuerzas celestes y de todas las cosas (Col 1,16). Pero cuando han visto al Príncipe de los ejércitos celestiales permanecer sobre la tierra, entonces, a través de este camino abierto por Él, han seguido a su Señor, obedientes a la voluntad de aquél que los puso como guardines de todos los que creen en su nombre. Tú mismo,  ayer, estabas bajo la dependencia  del demonio, hoy, estás bajo la de un ángel. «Estad atentos, dice el Señor, para no menospreciar a ninguno de estos pequeños» que están en la Iglesia, «porque, en verdad os lo digo, sus propios ángeles ven constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos». Los ángeles están consagrados  a tu salvación, y se dedican al servicio del Hijo de Dios y dicen entre ellos : « Si Él ha descendido tomando un cuerpo, si se ha  revestido de una carne mortal, si ha soportado la cruz, si ha muerto por todos  los hombres ¿por qué descansar, por qué ahorrarnos trabajo? ¡Vayamos, ángeles  todos, descendamos del cielo!» Por eso cuando Cristo nació había «una multitud de los ejércitos celestiales alabando y glorificando a Dios» (Lc 2,13).

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Cultivar la diocesanidad con el compromiso de la transparencia cristiana: el Papa en el encuentro con los religiosos y seminaristas

Entre apretones de manos, sonrisas y diálogo entró el Papa Francisco en la Catedral de Bolonia, la Catedral de San Pedro, donde lo esperaban los sacerdotes, religiosos, seminaristas del Seminario Regional y los Diáconos Permanentes de la ciudad “docta” de la región italiana Emilia Romaña. Sentado delante del altar, el Santo Padre escuchó en primer lugar, el saludo del Arzobispo de Bolonia, Mons. Matero María Zuppi, y poco después respondió de modo claro y familiar, a las preguntas que le hicieron.

Respondiendo a la primera pregunta de un sacerdote acerca de cómo hacer crecer la fraternidad en la vida de presbíteros, el Papa aseguró que la fraternidad  se expresa en el presbiterio. “El centro de la espiritualidad de la vida del presbítero diocesano es la diocesanidad” afirmó. “La diocesanidad es una experiencia de pertenencia. Significa que no eres un libre como en el futbol. Eres un hombre que pertenece a un cuerpo  que es la diocesanidad”.

Francisco hizo hincapié en que si no se cultiva “este espíritu de diocesanidad nos volvemos demasiado individuales, demasiado solos,  y con el peligro de volvernos también  infecundos o con algún nerviosismo, un poco solterones”.

De ahí – señaló el Papa – la importancia de  “cultivar el sentido de diocesanidad, que tiene una dimensión de sinodalidad con el obispo. Un cuerpo que tiene que ir adelante siempre con el compromiso de la transparencia cristiana,  como la vive Pablo: el coraje de hablar, de decir todo. Y también el coraje de la paciencia,  de soportar”.

El Santo Padre se refirió asimismo a la importancia de la “relación con el pueblo de Dios sin el cual se cae en el clericalismo, uno de los pecados más graves”. El Pontífice sugirió a los religiosos que sean pastores del pueblo, que cuiden el rebaño. “No quiere decir ser un populista” – precisó. “Pastor de pueblo, cercano al pueblo porque fue enviado allí para hacerlo crecer, a enseñar al pueblo, a santificar el pueblo y ayudarlo a encontrar a Jesús. En cambio, dijo Francisco, el pastor que es demasiado clerical se asemeja a los fariseo, a los doctores de la ley del tiempo de Jesús: sólo mi teología, sólo mi pensamiento…encerrado allí y el pueblo está en otra parte. Jamas interactuar con la realidad del pueblo”.  

Y recordó el almuerzo de hoy con los pobres, los refugiados y los detenidos: “me  ha gustado el almuerzo, no tanto porque la lasaña fuera tan rica sino porque estaba el pueblo de Dios – dijo. Y allí estaban los pastores, en medio de ellos, del pueblo de Dios. Y el pastor tiene que tener una relación. Ésta es la sinodalidad. Una triple relación con el pueblo de Dios". Un lugar con el pueblo de Dios que los pastores deben ocupar en tres lugares:

“Adelante, como catequista, para hacer ver al pueblo cómo es el camino. En medio, para conocer, para entender bien cómo es el pueblo. Y detrás, para ayudar a aquellos que se quedan y también para dejar un poco de libertad y ver cómo va el olfato del pueblo de Dios para el elegir la yerba buena”.

La diocesanidad, la relación con los sacerdotes, la relación con el obispo, el coraje de hablar de todo y de soportar todo - dijo el Papa .  nos ayuda a no caer en el clericalismo, uno de los pecados más fuertes:

“Es triste cuando un pastor no tiene horizonte de pueblo, no sabe qué hacer, cuando las iglesias están cerradas. Cuando se ve el horario en las puertas. ¡No es una oficina! Es el puesto donde se viene a adorar al Señor, pero si encuentra la puerta cerrada, ¿dónde lo hace?” Y prosiguió: “Hay que dejar siempre la puerta abierta de las iglesias, con aquel ‘servicio’ al pueblo de Dios.  Todo esto es la diocesanidad”.

Los dos vicios del clericalismo

El Santo Padre se detuvo después en dos vicios que, dijo, están por todas partes:

“Uno, el pensar en el servicio presbiteral como carrera eclesiástica. Me refiero a una  verdadera actitud trepadora. Esto es peste en un presbiterio. Hay dos pestes fuertes. Ésta es una. Los trepadores que tratan de abrirse camino y tienen siempre las uñas sucias, porque quieren subir”.

El segundo vicio frecuente son las habladurías: “y la fama del hermano sacerdote termina manchada, arruinada” dijo Francisco.  Son los dos vicios propios del clericalismo.

“La fraternidad en la vida de los presbíteros puede crecer – sintetizó el Papa -  viviendo la diocesanidad con coraje, hablando claro siempre, soportando a los demás, con una buena relación con el pueblo de Dios, adelante, para indicar el camino, en el medio, en la cercanía de las obras de caridad,  detrás, para mirar cómo va el pueblo y ayudar a quienes están retrasados. Y huyendo de toda forma de clericalismo y sus dos vicios: el ser trepadores y las habladurías.

Vida religiosa y consagrados, testimonios de alegría y esperanza

El Obispo de Roma respondió luego a una segunda pregunta explicando la importancia de huir de la psicología de la sobrevivencia:

“Creer en la psicología de la sobrevivencia es como esperar  que el carro fúnebre lleve a nuestro instituto Es un pesimismo esperanzador. No es de hombres y mujeres de fe esto, no es una actitud evangélica, sino que es una actitud de derrota, – dijo Francisco.  Y señaló que “la psicología de sobrevivencia lleva a ‘falta de pobreza’. Es buscar la seguridad en el dinero.

Explicando que la seguridad en la vida consagrada no la dan ni las vocaciones, ni la da la abundancia de dinero sino que viene de otra parte, dijo:

“La vida consagrada comienza a corromperse por la falta de pobreza”. “San Ignacio definió a la pobreza madre, porque genera la vida religiosa, y muro, porque la defiende de la mundanidad. La psicología de la sobrevivencia lleva a vivir mundanamente, con esperanzas mundanas, no a apostar en el camino de la esperanza divina, la esperanza que es Dios”. Y comentó: “Cuando los bienes de un instituto religioso se derrumban yo  agradezco al Señor, porque comenzarán el camino de la verdadera esperanza en los bienes que da el Señor, la verdadera esperanza de fecundidad que te da el Señor”.

EL Santo Padre prosiguió especificando que el “Señor nos visita tantas veces con la escasez, de medios, de vocaciones, de posibilidades, con una pobreza real”. E invitó a los presentes a preguntarse porque falta esta fecundidad. Les pido – agregó – que mediten meditare los últimos tres números de la Evangelii Nuntiandi, que todavía está vigente”.

(from Vatican Radio)

Entre apretones de manos, sonrisas y diálogo entró el Papa Francisco en la Catedral de Bolonia, la Catedral de San Pedro, donde lo esperaban los sacerdotes, religiosos, seminaristas del Seminario Regional y los Diáconos Permanentes de la ciudad “docta” de la región italiana Emilia Romaña. Sentado delante del altar, el Santo Padre escuchó en primer lugar, el saludo del Arzobispo de Bolonia, Mons. Matero María Zuppi, y poco después respondió de modo claro y familiar, a las preguntas que le hicieron.

Respondiendo a la primera pregunta de un sacerdote acerca de cómo hacer crecer la fraternidad en la vida de presbíteros, el Papa aseguró que la fraternidad  se expresa en el presbiterio. “El centro de la espiritualidad de la vida del presbítero diocesano es la diocesanidad” afirmó. “La diocesanidad es una experiencia de pertenencia. Significa que no eres un libre como en el futbol. Eres un hombre que pertenece a un cuerpo  que es la diocesanidad”.

Francisco hizo hincapié en que si no se cultiva “este espíritu de diocesanidad nos volvemos demasiado individuales, demasiado solos,  y con el peligro de volvernos también  infecundos o con algún nerviosismo, un poco solterones”.

De ahí – señaló el Papa – la importancia de  “cultivar el sentido de diocesanidad, que tiene una dimensión de sinodalidad con el obispo. Un cuerpo que tiene que ir adelante siempre con el compromiso de la transparencia cristiana,  como la vive Pablo: el coraje de hablar, de decir todo. Y también el coraje de la paciencia,  de soportar”.

El Santo Padre se refirió asimismo a la importancia de la “relación con el pueblo de Dios sin el cual se cae en el clericalismo, uno de los pecados más graves”. El Pontífice sugirió a los religiosos que sean pastores del pueblo, que cuiden el rebaño. “No quiere decir ser un populista” – precisó. “Pastor de pueblo, cercano al pueblo porque fue enviado allí para hacerlo crecer, a enseñar al pueblo, a santificar el pueblo y ayudarlo a encontrar a Jesús. En cambio, dijo Francisco, el pastor que es demasiado clerical se asemeja a los fariseo, a los doctores de la ley del tiempo de Jesús: sólo mi teología, sólo mi pensamiento…encerrado allí y el pueblo está en otra parte. Jamas interactuar con la realidad del pueblo”.  

Y recordó el almuerzo de hoy con los pobres, los refugiados y los detenidos: “me  ha gustado el almuerzo, no tanto porque la lasaña fuera tan rica sino porque estaba el pueblo de Dios – dijo. Y allí estaban los pastores, en medio de ellos, del pueblo de Dios. Y el pastor tiene que tener una relación. Ésta es la sinodalidad. Una triple relación con el pueblo de Dios". Un lugar con el pueblo de Dios que los pastores deben ocupar en tres lugares:

“Adelante, como catequista, para hacer ver al pueblo cómo es el camino. En medio, para conocer, para entender bien cómo es el pueblo. Y detrás, para ayudar a aquellos que se quedan y también para dejar un poco de libertad y ver cómo va el olfato del pueblo de Dios para el elegir la yerba buena”.

La diocesanidad, la relación con los sacerdotes, la relación con el obispo, el coraje de hablar de todo y de soportar todo - dijo el Papa .  nos ayuda a no caer en el clericalismo, uno de los pecados más fuertes:

“Es triste cuando un pastor no tiene horizonte de pueblo, no sabe qué hacer, cuando las iglesias están cerradas. Cuando se ve el horario en las puertas. ¡No es una oficina! Es el puesto donde se viene a adorar al Señor, pero si encuentra la puerta cerrada, ¿dónde lo hace?” Y prosiguió: “Hay que dejar siempre la puerta abierta de las iglesias, con aquel ‘servicio’ al pueblo de Dios.  Todo esto es la diocesanidad”.

Los dos vicios del clericalismo

El Santo Padre se detuvo después en dos vicios que, dijo, están por todas partes:

“Uno, el pensar en el servicio presbiteral como carrera eclesiástica. Me refiero a una  verdadera actitud trepadora. Esto es peste en un presbiterio. Hay dos pestes fuertes. Ésta es una. Los trepadores que tratan de abrirse camino y tienen siempre las uñas sucias, porque quieren subir”.

El segundo vicio frecuente son las habladurías: “y la fama del hermano sacerdote termina manchada, arruinada” dijo Francisco.  Son los dos vicios propios del clericalismo.

“La fraternidad en la vida de los presbíteros puede crecer – sintetizó el Papa -  viviendo la diocesanidad con coraje, hablando claro siempre, soportando a los demás, con una buena relación con el pueblo de Dios, adelante, para indicar el camino, en el medio, en la cercanía de las obras de caridad,  detrás, para mirar cómo va el pueblo y ayudar a quienes están retrasados. Y huyendo de toda forma de clericalismo y sus dos vicios: el ser trepadores y las habladurías.

Vida religiosa y consagrados, testimonios de alegría y esperanza

El Obispo de Roma respondió luego a una segunda pregunta explicando la importancia de huir de la psicología de la sobrevivencia:

“Creer en la psicología de la sobrevivencia es como esperar  que el carro fúnebre lleve a nuestro instituto Es un pesimismo esperanzador. No es de hombres y mujeres de fe esto, no es una actitud evangélica, sino que es una actitud de derrota, – dijo Francisco.  Y señaló que “la psicología de sobrevivencia lleva a ‘falta de pobreza’. Es buscar la seguridad en el dinero.

Explicando que la seguridad en la vida consagrada no la dan ni las vocaciones, ni la da la abundancia de dinero sino que viene de otra parte, dijo:

“La vida consagrada comienza a corromperse por la falta de pobreza”. “San Ignacio definió a la pobreza madre, porque genera la vida religiosa, y muro, porque la defiende de la mundanidad. La psicología de la sobrevivencia lleva a vivir mundanamente, con esperanzas mundanas, no a apostar en el camino de la esperanza divina, la esperanza que es Dios”. Y comentó: “Cuando los bienes de un instituto religioso se derrumban yo  agradezco al Señor, porque comenzarán el camino de la verdadera esperanza en los bienes que da el Señor, la verdadera esperanza de fecundidad que te da el Señor”.

EL Santo Padre prosiguió especificando que el “Señor nos visita tantas veces con la escasez, de medios, de vocaciones, de posibilidades, con una pobreza real”. E invitó a los presentes a preguntarse porque falta esta fecundidad. Les pido – agregó – que mediten meditare los últimos tres números de la Evangelii Nuntiandi, que todavía está vigente”.

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«Sueño una Europa universitaria y madre», el Papa al mundo académico en Bolonia

(RV).- Uno de los momentos más coloridos de la Visita Pastoral del Papa Francisco a Bolonia fue el encuentro con los estudiantes y el mundo académico que tuvo lugar la tarde del domingo 1 de octubre, en la Plaza San Domenico de esta ciudad conocida como “la docta” debido a su prestigiosa universidad, que durante siglos ha educado y transmitido conocimientos a ciudadanos de todo el mundo.

Tras ser recibido por el rector de la Universidad, el señor Francesco Ubertini, en un ambiente de gran entusiasmo y expectación por parte de cientos de estudiantes, el Santo Padre dirigió un profundo discurso marcado por el carácter universal y humanístico propio de la institución universitaria, “que nunca tiene miedo de incluir a todos y que no puede vivir sin elevar el espíritu del conocimiento a lo mas alto”.

“El Alma Mater de ustedes y de toda universidad está llamada a buscar aquello que une. La acogida que proporcionan a estudiantes provenientes de contextos difíciles y lejanos es una linda señal. Que Bolonia, encrucijada secular de encuentros, diálogos y relaciones; y en tiempos recientes cuna del proyecto Erasmus, ¡pueda cultivar siempre esta vocación!”, dijo el Papa recordando que la Universidad en Europa tiene sus raíces más profundas en el humanismo, al cual también las instituciones civiles y la Iglesia han contribuído desempeñando roles distintos.

Teniendo en cuenta este “espíritu académico que une”, el Obispo de Roma propuso tres derechos totalmente actuales y ligados al “saber universal”:

En primer lugar el derecho a la cultura: el cual además de llevar implícito el “derecho al acceso a la educación”, significa también “tutelar el conocimiento, haciendo que sea humano y al mismo tiempo humanizante”, con el fin de que el estudio sirva para “cuestionarnos preguntas que busquen el sentido de la vida, sin dejarnos anestesiar por la banalidad”. “Esta es la gran tarea de ustedes: responder a los estribillos paralizantes del consumismo cultural, con elecciones dinámicas y fuertes, con la cúsqueda, el conocimiento y el compartir”, afirmó el Pontífice alentando a “sacar afuera lo mejor de cada uno para el bien de todos y poniendo en guardia sobre los riesgos de caer en una pseudocultura que descarta al ser humano".

En segundo lugar, Francisco habló sobre el derecho a la esperanza que es el derecho a no ser ser invadidos cotidianamente de la retórica del miedo y del odio, a no ser sometido por las frases hechas del populismo o por la proliferación inquietante y provechosa de las “falsas noticias”. “Es el derecho para ustedes jóvenes, a crecer libres sin miedo al futuro, a saber que en la vida existen realidades bellas y duraderas, por las cuales vale la pena jugársela”, recalcó el Papa, añadiendo que la crisis que vivimos actualmente, es también una oportunidad, un desafío a la inteligencia y libertad de cada uno, que debemos aprovechar para convertirnos en “artesanos de esperanza”. ¡Qué lindo sería que las aulas de universidad fueran “canteras de esperanza”!, dijo Francisco.

Por último, el Sucesor de Pedro destacó el derecho a la paz; un derecho y al mismo tiempo deber, que está inscrito en el corazón de la humanidad, ya que la unidad prevalece sobre el conflicto (Evangelii gaudium, 226). “No tengan miedo a la unidad”, pidió Francisco, recordando que este año se celebró el 60° aniversario de la firma de los tratados de Roma, que dieron inicio a la unidad europea custodiando así el derecho a la paz, tras dos guerras mundiales y la atroz violencia de pueblos contra pueblos.

Asimismo, el Obispo de Roma puso como ejemplo de lucha en favor de la Paz al Papa Benedicto XV, quien fuera también Obispo de Bolonia y que hace 100 años, definió a la guerra como “una inútil masacre” en una carta dirigida a los jefes de las partes beligerantes, firmada el 1 de agosto de 1917.

“La historia enseña que la guerra es siempre una inútil masacre”, reiteró el Santo Padre indicando que la Iglesia no puede permanecer neutral frente al mal que se comete, pero debe ir siempre encaminada hacia la paz.

Para concluir, el Papa señaló algunos retos para la Institución Universitaria, presente en la sociedad para garantizar el estudio de los derechos de todos, evitando los conflictos violentos: confirmar los derechos de las personas y de los pueblos, especialmente de aquellos más débiles, de los que son descartados y defender los derechos de la creación, nuestra casa común.

“No hagan caso a quienes dicen que luchar por ésto es inútil y que nada cambiará. No se acontenten con sueños pequeños, sino que sueñen a lo grande. También yo sueño”, dijo Francisco, pero "no sólo mientras duermo porque los sueños grandes se hacen con los ojos abiertos, llevándolos delante de la luz del sol”.

«Renuevo con ustedes el sueño de un nuevo humanismo europeo, para el que hace falta tener memoria, coraje, y una sana y humana utopía"; prosiguió el Pontífice, "el sueño de una Europa madre que respeta la vida y ofrece esperanza de vida, de una Europa donde los jóvenes respiran el aire puro de la honestidad, aman la belleza de la cultura y de una vida simple, no contaminada por las infinitas exigencias del consumismo; en la cual casarse y tener hijos es una responsibilidad y una alegría grande, no un problema derivado de la falta de trabajo suficientemente estable. (Discurso con motivo de la entrega del Premio Carlo Magno, 6 de mayo 2016). Sueño una Europa “universitaria y madre” que, conocedora de su cultura, infunda esperanza a sus hijos y sea instrumento de paz para el mundo», concluyó el Papa.

(from Vatican Radio)

(RV).- Uno de los momentos más coloridos de la Visita Pastoral del Papa Francisco a Bolonia fue el encuentro con los estudiantes y el mundo académico que tuvo lugar la tarde del domingo 1 de octubre, en la Plaza San Domenico de esta ciudad conocida como “la docta” debido a su prestigiosa universidad, que durante siglos ha educado y transmitido conocimientos a ciudadanos de todo el mundo.

Tras ser recibido por el rector de la Universidad, el señor Francesco Ubertini, en un ambiente de gran entusiasmo y expectación por parte de cientos de estudiantes, el Santo Padre dirigió un profundo discurso marcado por el carácter universal y humanístico propio de la institución universitaria, “que nunca tiene miedo de incluir a todos y que no puede vivir sin elevar el espíritu del conocimiento a lo mas alto”.

“El Alma Mater de ustedes y de toda universidad está llamada a buscar aquello que une. La acogida que proporcionan a estudiantes provenientes de contextos difíciles y lejanos es una linda señal. Que Bolonia, encrucijada secular de encuentros, diálogos y relaciones; y en tiempos recientes cuna del proyecto Erasmus, ¡pueda cultivar siempre esta vocación!”, dijo el Papa recordando que la Universidad en Europa tiene sus raíces más profundas en el humanismo, al cual también las instituciones civiles y la Iglesia han contribuído desempeñando roles distintos.

Teniendo en cuenta este “espíritu académico que une”, el Obispo de Roma propuso tres derechos totalmente actuales y ligados al “saber universal”:

En primer lugar el derecho a la cultura: el cual además de llevar implícito el “derecho al acceso a la educación”, significa también “tutelar el conocimiento, haciendo que sea humano y al mismo tiempo humanizante”, con el fin de que el estudio sirva para “cuestionarnos preguntas que busquen el sentido de la vida, sin dejarnos anestesiar por la banalidad”. “Esta es la gran tarea de ustedes: responder a los estribillos paralizantes del consumismo cultural, con elecciones dinámicas y fuertes, con la cúsqueda, el conocimiento y el compartir”, afirmó el Pontífice alentando a “sacar afuera lo mejor de cada uno para el bien de todos y poniendo en guardia sobre los riesgos de caer en una pseudocultura que descarta al ser humano".

En segundo lugar, Francisco habló sobre el derecho a la esperanza que es el derecho a no ser ser invadidos cotidianamente de la retórica del miedo y del odio, a no ser sometido por las frases hechas del populismo o por la proliferación inquietante y provechosa de las “falsas noticias”. “Es el derecho para ustedes jóvenes, a crecer libres sin miedo al futuro, a saber que en la vida existen realidades bellas y duraderas, por las cuales vale la pena jugársela”, recalcó el Papa, añadiendo que la crisis que vivimos actualmente, es también una oportunidad, un desafío a la inteligencia y libertad de cada uno, que debemos aprovechar para convertirnos en “artesanos de esperanza”. ¡Qué lindo sería que las aulas de universidad fueran “canteras de esperanza”!, dijo Francisco.

Por último, el Sucesor de Pedro destacó el derecho a la paz; un derecho y al mismo tiempo deber, que está inscrito en el corazón de la humanidad, ya que la unidad prevalece sobre el conflicto (Evangelii gaudium, 226). “No tengan miedo a la unidad”, pidió Francisco, recordando que este año se celebró el 60° aniversario de la firma de los tratados de Roma, que dieron inicio a la unidad europea custodiando así el derecho a la paz, tras dos guerras mundiales y la atroz violencia de pueblos contra pueblos.

Asimismo, el Obispo de Roma puso como ejemplo de lucha en favor de la Paz al Papa Benedicto XV, quien fuera también Obispo de Bolonia y que hace 100 años, definió a la guerra como “una inútil masacre” en una carta dirigida a los jefes de las partes beligerantes, firmada el 1 de agosto de 1917.

“La historia enseña que la guerra es siempre una inútil masacre”, reiteró el Santo Padre indicando que la Iglesia no puede permanecer neutral frente al mal que se comete, pero debe ir siempre encaminada hacia la paz.

Para concluir, el Papa señaló algunos retos para la Institución Universitaria, presente en la sociedad para garantizar el estudio de los derechos de todos, evitando los conflictos violentos: confirmar los derechos de las personas y de los pueblos, especialmente de aquellos más débiles, de los que son descartados y defender los derechos de la creación, nuestra casa común.

“No hagan caso a quienes dicen que luchar por ésto es inútil y que nada cambiará. No se acontenten con sueños pequeños, sino que sueñen a lo grande. También yo sueño”, dijo Francisco, pero "no sólo mientras duermo porque los sueños grandes se hacen con los ojos abiertos, llevándolos delante de la luz del sol”.

«Renuevo con ustedes el sueño de un nuevo humanismo europeo, para el que hace falta tener memoria, coraje, y una sana y humana utopía"; prosiguió el Pontífice, "el sueño de una Europa madre que respeta la vida y ofrece esperanza de vida, de una Europa donde los jóvenes respiran el aire puro de la honestidad, aman la belleza de la cultura y de una vida simple, no contaminada por las infinitas exigencias del consumismo; en la cual casarse y tener hijos es una responsibilidad y una alegría grande, no un problema derivado de la falta de trabajo suficientemente estable. (Discurso con motivo de la entrega del Premio Carlo Magno, 6 de mayo 2016). Sueño una Europa “universitaria y madre” que, conocedora de su cultura, infunda esperanza a sus hijos y sea instrumento de paz para el mundo», concluyó el Papa.

(from Vatican Radio)

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«Ustedes están al centro de la Iglesia», almuerzo del Papa con los pobres en Bolonia

El Papa en el Ángelus: “Es tarea de la sociedad entera la preocupación por el trabajo digno”

(RV).- “Es necesario quitar centralidad a la ley del provecho y asignarla a la persona y al bien común. Pero para que esta centralidad sea real, efectiva y no sólo proclamada con palabras, es necesario aumentar las oportunidades de trabajo digno”, lo dijo el Papa Francisco antes de rezar la oración mariana del Ángelus, durante el Encuentro con el mundo del trabajo, los desempleados y los representantes industriales de Bolonia, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo de la clausura del Congreso Eucarístico diocesano.

“La crisis económica tiene una dimensión europea y global, señaló el Santo Padre, y, como sabemos, dijo, esta es también una crisis ética, espiritual y humana, y a la raíz existe una traición del bien común, de parte sea de los individuos sea de los grupos de poder”. Hacer frente a esta problemática, señaló el Papa, es una tarea que pertenece a la sociedad entera: en esta fase en modo particular, todo el cuerpo social, en sus varios componentes, está llamado a realizar todo esfuerzo para que el trabajo, que es factor primario de dignidad, sea una preocupación central.

Texto completo de las palabras del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen domingo!

Los saludo a todos ustedes que pertenecen al mundo del trabajo, en la variedad de sus expresiones. Entre ellas existe lamentablemente también aquella negativa, es decir, la situación difícil, a veces angustiante, de la falta de trabajo. ¡Gracias por su acogida!

Ustedes representan las diversas partes sociales, muchas veces en discusión incluso dura entre ellas, pero han aprendido que solo juntos se puede salir de la crisis y construir el futuro. Sólo el diálogo, en las reciprocas competencias, puede permitir encontrar respuestas eficaces e innovadoras para todos, también en la calidad del trabajo, en particular el indispensable bienestar. Es aquello que algunos llaman el “sistema Emilia”. Traten de llevarlo adelante. Hay necesidad de soluciones estables y capaces de ayudar a mirar al futuro para responder a las necesidades de las personas y de las familias.

En su territorio desde hace tiempo se ha desarrollado la experiencia cooperativa, que nace del valor fundamental de la solidaridad. Hoy esa tiene todavía mucho por ofrecer, también para ayudar a tantos que están en dificultad y tienen necesidad de ese “ascensor social” que según algunos estaría del todo fuera de uso. No dobleguemos jamás la solidaridad a la lógica del provecho financiero, porque así la quitamos – podría decir la robamos – a los más débiles que tienen tanta necesidad. Buscar una sociedad más justa no es un sueño del pasado sino un compromiso, un trabajo, que hoy tiene necesidad de todos.

La situación de la desocupación juvenil e aquella de tantos que han perdido el trabajo y no logran re-inserirse son realidades a las cuales no podemos acostumbrarnos, tratándolas como si fueran solamente estadísticas.

La acogida y la lucha a la pobreza pasan en gran parte a través del trabajo. No se ofrece verdadera ayuda a los pobres sin que puedan encontrar trabajo y dignidad. Este es el desafío apasionado, como en los años de la reconstrucción después de la guerra, que tanta pobreza había dejado. El reciente “Pacto para el trabajo”, que ha visto a todas las partes sociales, y también la Iglesia firmar un común empeño para ayudar en la búsqueda de respuestas estables, no de limosnas, es un método importante que deseo pueda dar los frutos esperados.

La crisis económica tiene una dimensión europea y global; y, como sabemos, esta es también crisis ética, espiritual y humana. A la raíz existe una traición del bien común, de parte sea de los individuos sea de los grupos de poder. Es necesario pues quitar centralidad a la ley del provecho y asignarla a la persona y al bien común. Pero para que esta centralidad sea real, efectiva y no sólo proclamada con palabras, es necesario aumentar las oportunidades de trabajo digno. Este es una tarea que pertenece a la sociedad entera: en esta fase en modo particular, todo el cuerpo social, en sus varios componentes, está llamado a realizar todo esfuerzo para que el trabajo, que es factor primario de dignidad, sea una preocupación central.

Aquí nos encontramos ante San Petronio, recordado como Pater et Protector y representado siempre con la ciudad entre sus manos. De aquí físicamente vemos tres aspectos  constitutivos de su ciudad: la Iglesia, el Municipio y la Universidad. Cuando ellos dialogan y colaboran entre sí, se refuerza el precioso humanismo que ellos expresan y la ciudad – por así decir – respira, tiene un horizonte, y no tiene miedo de afrontar los desafíos que se presentan. Los animo a valorizar este humanismo del cual son depositarios para buscar soluciones sabias y prudentes a los complejos problemas de nuestro tiempo, viéndolas si como dificultades, pero también como oportunidades de crecimiento y de mejoría. Y esto que les digo vale para Italia en su conjunto y para la entera Europa.

Queridos amigos, les soy particularmente cercano, poniendo en las manos del Señor y de la Virgen de San Lucas todas sus ansias y preocupaciones. A Ella, tan venerada por todos los boloñeses, nos dirigimos ahora con la oración del Ángelus.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)

(RV).- “Es necesario quitar centralidad a la ley del provecho y asignarla a la persona y al bien común. Pero para que esta centralidad sea real, efectiva y no sólo proclamada con palabras, es necesario aumentar las oportunidades de trabajo digno”, lo dijo el Papa Francisco antes de rezar la oración mariana del Ángelus, durante el Encuentro con el mundo del trabajo, los desempleados y los representantes industriales de Bolonia, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo de la clausura del Congreso Eucarístico diocesano.

“La crisis económica tiene una dimensión europea y global, señaló el Santo Padre, y, como sabemos, dijo, esta es también una crisis ética, espiritual y humana, y a la raíz existe una traición del bien común, de parte sea de los individuos sea de los grupos de poder”. Hacer frente a esta problemática, señaló el Papa, es una tarea que pertenece a la sociedad entera: en esta fase en modo particular, todo el cuerpo social, en sus varios componentes, está llamado a realizar todo esfuerzo para que el trabajo, que es factor primario de dignidad, sea una preocupación central.

Texto completo de las palabras del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen domingo!

Los saludo a todos ustedes que pertenecen al mundo del trabajo, en la variedad de sus expresiones. Entre ellas existe lamentablemente también aquella negativa, es decir, la situación difícil, a veces angustiante, de la falta de trabajo. ¡Gracias por su acogida!

Ustedes representan las diversas partes sociales, muchas veces en discusión incluso dura entre ellas, pero han aprendido que solo juntos se puede salir de la crisis y construir el futuro. Sólo el diálogo, en las reciprocas competencias, puede permitir encontrar respuestas eficaces e innovadoras para todos, también en la calidad del trabajo, en particular el indispensable bienestar. Es aquello que algunos llaman el “sistema Emilia”. Traten de llevarlo adelante. Hay necesidad de soluciones estables y capaces de ayudar a mirar al futuro para responder a las necesidades de las personas y de las familias.

En su territorio desde hace tiempo se ha desarrollado la experiencia cooperativa, que nace del valor fundamental de la solidaridad. Hoy esa tiene todavía mucho por ofrecer, también para ayudar a tantos que están en dificultad y tienen necesidad de ese “ascensor social” que según algunos estaría del todo fuera de uso. No dobleguemos jamás la solidaridad a la lógica del provecho financiero, porque así la quitamos – podría decir la robamos – a los más débiles que tienen tanta necesidad. Buscar una sociedad más justa no es un sueño del pasado sino un compromiso, un trabajo, que hoy tiene necesidad de todos.

La situación de la desocupación juvenil e aquella de tantos que han perdido el trabajo y no logran re-inserirse son realidades a las cuales no podemos acostumbrarnos, tratándolas como si fueran solamente estadísticas.

La acogida y la lucha a la pobreza pasan en gran parte a través del trabajo. No se ofrece verdadera ayuda a los pobres sin que puedan encontrar trabajo y dignidad. Este es el desafío apasionado, como en los años de la reconstrucción después de la guerra, que tanta pobreza había dejado. El reciente “Pacto para el trabajo”, que ha visto a todas las partes sociales, y también la Iglesia firmar un común empeño para ayudar en la búsqueda de respuestas estables, no de limosnas, es un método importante que deseo pueda dar los frutos esperados.

La crisis económica tiene una dimensión europea y global; y, como sabemos, esta es también crisis ética, espiritual y humana. A la raíz existe una traición del bien común, de parte sea de los individuos sea de los grupos de poder. Es necesario pues quitar centralidad a la ley del provecho y asignarla a la persona y al bien común. Pero para que esta centralidad sea real, efectiva y no sólo proclamada con palabras, es necesario aumentar las oportunidades de trabajo digno. Este es una tarea que pertenece a la sociedad entera: en esta fase en modo particular, todo el cuerpo social, en sus varios componentes, está llamado a realizar todo esfuerzo para que el trabajo, que es factor primario de dignidad, sea una preocupación central.

Aquí nos encontramos ante San Petronio, recordado como Pater et Protector y representado siempre con la ciudad entre sus manos. De aquí físicamente vemos tres aspectos  constitutivos de su ciudad: la Iglesia, el Municipio y la Universidad. Cuando ellos dialogan y colaboran entre sí, se refuerza el precioso humanismo que ellos expresan y la ciudad – por así decir – respira, tiene un horizonte, y no tiene miedo de afrontar los desafíos que se presentan. Los animo a valorizar este humanismo del cual son depositarios para buscar soluciones sabias y prudentes a los complejos problemas de nuestro tiempo, viéndolas si como dificultades, pero también como oportunidades de crecimiento y de mejoría. Y esto que les digo vale para Italia en su conjunto y para la entera Europa.

Queridos amigos, les soy particularmente cercano, poniendo en las manos del Señor y de la Virgen de San Lucas todas sus ansias y preocupaciones. A Ella, tan venerada por todos los boloñeses, nos dirigimos ahora con la oración del Ángelus.

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

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Evangelio Seglar para el Domingo 26 del Tiempo Ordinario

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.



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El Papa Francisco en Bolonia se encuentra con los migrantes

El Papa a los Consagrados de Cesena-Sarsina: “Edifiquen una Iglesia que sea familia de familias”

(RV).- “Los animo a encontrar, escuchar y caminar con los más necesitados, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”, palabras de aliento del Papa Francisco durante el Encuentro con el clero, los consagrados, los laicos de los consejos pastorales, los miembros de la Curia y los representantes de las parroquias de la diócesis de Cesena-Sarsina, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo del Tercer Centenario del nacimiento del Papa Pío VI.

Durante el Encuentro en la Catedral de Cesena, el Santo Padre recordó a los consagrados que la principal misión de un discípulo de Cristo es anunciar y testimoniar con alegría el Evangelio. “La evangelización – afirmó el Papa – es más eficaz cuando es actuada con unidad de intención y con una colaboración sincera entre las diferentes realidades eclesiales y entre los diversos sujetos pastorales, que encuentran en el Obispo un seguro punto de referencia y de cohesión”.

“Corresponsabilidad es una palabra clave – subrayó el Santo Padre – sea para llevar adelante el trabajo común en los campos de la catequesis, de la educación católica, de la promoción humana y de la caridad; sea en la búsqueda valerosa, ante los desafíos pastorales y sociales, de nuevas formas de cooperación y presencia eclesial en el territorio”. Es ya un eficaz testimonio de fe, dijo el Pontífice, el hecho mismo de ver una Iglesia que se esfuerza por caminar en la fraternidad y en la unidad. Cuando el amor de Cristo es colocado incluso sobre legitimas exigencias particulares, agregó, entonces se hacen capaces de salir de sí mismos, de descentrase a nivel personal y de grupo, y siempre en Cristo ir al encuentro de los hermanos.

“Las llagas de Jesús – precisó el Pontífice – permanecen visibles en tantos hombres y mujeres que viven en los márgenes de la sociedad: marcados por el sufrimiento, las dificultades, el abandono y la pobreza. Personas heridas por la duras pruebas de la vida, que son humilladas, que se encuentran en la cárcel o en los hospitales”. Acercándonos y curando con ternura estas llagas, señaló el Papa, muchas veces no solo corporales sino también espirituales, somos purificados y transformados por la misericordia de Dios.

Recordando el ejemplo de servicio a los más necesitados realizado por San Vincenzo de Paoli, el Papa Francisco resaltó el primer deber de la diaconía de la caridad en favor de los pobres, es decir, una verdadera revolución de la caridad. Para realizar esto, dijo el Pontífice, es necesario reservar un adecuado espacio a la oración y la meditación de la Palabra de Dios. “La oración es la fuerza de nuestra misión. El encuentro constante con el Señor en la oración se hace indispensable sea para los sacerdotes y para las personas consagradas, sea para los operadores pastorales, llamados a salir del proprio huerto e ir hacia las periferias existenciales”.

Son sobre todo los jóvenes, puntualizó el Papa Francisco, los que necesitan experimentar el amor de Jesús y la Iglesia cuenta mucho con ellos y es consciente de sus grandes recursos, de su inclinación al bien, a la libertad autentica y a la justicia. “Ellos, necesitan ser ayudados a descubrir los dones que el Señor les ha donado, animados a no temer ante los grandes desafíos del momento presente. Por esto, los animo a animarlos, a escucharlos, a caminar con ellos, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”. Una Iglesia atenta a los jóvenes es una Iglesia familia de familias, dijo el Papa; por ello, los animo en su trabajo con las familias durante este año pastoral en el que están reflexionando sobre la educación a la afectividad y al amor.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco alentó a los sacerdotes a llevar adelante el ministerio del encuentro con Cristo. Esto presupone, dijo el Pontífice, su encuentro cotidiano con Cristo, su ser y estar con Él. “Les deseo que descubran continuamente, en las diversas etapas del camino personal y ministerial, la alegría de ser sacerdotes, de estar llamados por el Señor a seguirlo para llevar su palabra, su perdón, su amor, su gracia. Es una llamada que nunca termina de sorprendernos”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)

(RV).- “Los animo a encontrar, escuchar y caminar con los más necesitados, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”, palabras de aliento del Papa Francisco durante el Encuentro con el clero, los consagrados, los laicos de los consejos pastorales, los miembros de la Curia y los representantes de las parroquias de la diócesis de Cesena-Sarsina, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo del Tercer Centenario del nacimiento del Papa Pío VI.

Durante el Encuentro en la Catedral de Cesena, el Santo Padre recordó a los consagrados que la principal misión de un discípulo de Cristo es anunciar y testimoniar con alegría el Evangelio. “La evangelización – afirmó el Papa – es más eficaz cuando es actuada con unidad de intención y con una colaboración sincera entre las diferentes realidades eclesiales y entre los diversos sujetos pastorales, que encuentran en el Obispo un seguro punto de referencia y de cohesión”.

“Corresponsabilidad es una palabra clave – subrayó el Santo Padre – sea para llevar adelante el trabajo común en los campos de la catequesis, de la educación católica, de la promoción humana y de la caridad; sea en la búsqueda valerosa, ante los desafíos pastorales y sociales, de nuevas formas de cooperación y presencia eclesial en el territorio”. Es ya un eficaz testimonio de fe, dijo el Pontífice, el hecho mismo de ver una Iglesia que se esfuerza por caminar en la fraternidad y en la unidad. Cuando el amor de Cristo es colocado incluso sobre legitimas exigencias particulares, agregó, entonces se hacen capaces de salir de sí mismos, de descentrase a nivel personal y de grupo, y siempre en Cristo ir al encuentro de los hermanos.

“Las llagas de Jesús – precisó el Pontífice – permanecen visibles en tantos hombres y mujeres que viven en los márgenes de la sociedad: marcados por el sufrimiento, las dificultades, el abandono y la pobreza. Personas heridas por la duras pruebas de la vida, que son humilladas, que se encuentran en la cárcel o en los hospitales”. Acercándonos y curando con ternura estas llagas, señaló el Papa, muchas veces no solo corporales sino también espirituales, somos purificados y transformados por la misericordia de Dios.

Recordando el ejemplo de servicio a los más necesitados realizado por San Vincenzo de Paoli, el Papa Francisco resaltó el primer deber de la diaconía de la caridad en favor de los pobres, es decir, una verdadera revolución de la caridad. Para realizar esto, dijo el Pontífice, es necesario reservar un adecuado espacio a la oración y la meditación de la Palabra de Dios. “La oración es la fuerza de nuestra misión. El encuentro constante con el Señor en la oración se hace indispensable sea para los sacerdotes y para las personas consagradas, sea para los operadores pastorales, llamados a salir del proprio huerto e ir hacia las periferias existenciales”.

Son sobre todo los jóvenes, puntualizó el Papa Francisco, los que necesitan experimentar el amor de Jesús y la Iglesia cuenta mucho con ellos y es consciente de sus grandes recursos, de su inclinación al bien, a la libertad autentica y a la justicia. “Ellos, necesitan ser ayudados a descubrir los dones que el Señor les ha donado, animados a no temer ante los grandes desafíos del momento presente. Por esto, los animo a animarlos, a escucharlos, a caminar con ellos, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”. Una Iglesia atenta a los jóvenes es una Iglesia familia de familias, dijo el Papa; por ello, los animo en su trabajo con las familias durante este año pastoral en el que están reflexionando sobre la educación a la afectividad y al amor.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco alentó a los sacerdotes a llevar adelante el ministerio del encuentro con Cristo. Esto presupone, dijo el Pontífice, su encuentro cotidiano con Cristo, su ser y estar con Él. “Les deseo que descubran continuamente, en las diversas etapas del camino personal y ministerial, la alegría de ser sacerdotes, de estar llamados por el Señor a seguirlo para llevar su palabra, su perdón, su amor, su gracia. Es una llamada que nunca termina de sorprendernos”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

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El Papa a los ciudadanos de Cesena: “Sólo una buena política podrá promover el bien común”

(RV).- “Es necesario relanzar los derechos de la buena política, su idoneidad específica para servir al bien público, para actuar de tal modo de disminuir las desigualdades, para promover con medidas concretas el bien de las familias, para dar un sólido marco de derechos-deberes y para hacerlos efectivos para todos”, lo dijo el Papa Francisco durante el Encuentro con los ciudadanos de Cesena, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo del Tercer Centenario del nacimiento del Papa Pío VI y a Bolonia para la clausura del Congreso Eucarístico diocesano.

En su discurso, el Santo Padre resaltó la riqueza de esta ciudad, llena de historia que entre sus hijos ilustres, ha dado al mundo a dos Papas: Pío VI, de quien recordamos el tercer aniversario de su nacimiento, dijo, y Pío VII. “Desde hace siglos – afirmó el Pontífice – esta Plaza constituye el punto de encuentro de los ciudadanos y el ámbito donde se desarrolla el mercado. Por ello, se llama: Plaza del Pueblo, o simplemente ‘la Plaza’, espacio público en el cual se toman decisiones relevantes para la ciudad en el Palacio Municipal y se desarrollan  iniciativas económicas y sociales”.

La Plaza, señaló el Papa, es un lugar emblemático, donde las aspiraciones de los individuos se confrontan con las exigencias, las expectativas y los sueños de la entera ciudadanía; donde los grupos particulares, agregó el Santo Padre, toman conciencia que sus deseos deben estar en armonía con aquellos de la colectividad. “Donde se aprende que, sin perseguir con constancia, empeño e inteligencia el bien común, ni siquiera los individuos podrán beneficiarse de sus derechos y realizar sus más nobles aspiraciones, porque disminuiría el espacio ordenado y civil en el cual vivir y obrar”.

“La centralidad de la plaza – precisó el Papa Francisco – envía por lo tanto el mensaje que es esencial trabajar todos juntos por el bien común. Y esta es la base del buen gobierno de la ciudad, que la hace bella, sana y acogedora, lugar de encuentro de iniciativas y motor de un desarrollo sostenible e integral”. En este sentido, el Santo Padre precisó que es necesario una buena política para la vida común de un pueblo, que no de espacio a las ambiciones individuales o a la prepotencia de algunas facciones o centros de interés; sino una política que sea responsable, valiente y prudente al mismo tiempo; que haga crecer la participación de las personas, su progresiva inclusión y pertenencia. Es decir, subrayó el Pontífice, una política que sepa armonizar las legítimas aspiraciones de los individuos y de los grupos teniendo el timón firme en los intereses de la entera ciudadanía.

“Este es el rostro auténtico de la política y su razón de ser – puntualizó el Papa Francisco – un servicio inestimable por el bien de la entera colectividad. Y este es el motivo por el cual la doctrina social de la Iglesia la considera una noble forma de caridad. Por ello, invito a los jóvenes y más pequeños a prepararse adecuadamente y comprometerse personalmente en este campo, asumiendo desde ahora la perspectiva del bien común y rechazando incluso toda mínima forma de corrupción”.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco recordó que toda la Región de Emilia-Romaña ha sido siempre una tierra que tiene la pasión por la política. “Quisiera decir a todos – agregó el Papa – descubran también para hoy el valor de esta dimensión esencial de la convivencia civil y den su contribución, siempre listos para hacer prevalecer el bien del todo sobre la parte; siempre listos a reconocer que toda idea debe ser verificada y remodelada en relación con la realidad”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)

(RV).- “Es necesario relanzar los derechos de la buena política, su idoneidad específica para servir al bien público, para actuar de tal modo de disminuir las desigualdades, para promover con medidas concretas el bien de las familias, para dar un sólido marco de derechos-deberes y para hacerlos efectivos para todos”, lo dijo el Papa Francisco durante el Encuentro con los ciudadanos de Cesena, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo del Tercer Centenario del nacimiento del Papa Pío VI y a Bolonia para la clausura del Congreso Eucarístico diocesano.

En su discurso, el Santo Padre resaltó la riqueza de esta ciudad, llena de historia que entre sus hijos ilustres, ha dado al mundo a dos Papas: Pío VI, de quien recordamos el tercer aniversario de su nacimiento, dijo, y Pío VII. “Desde hace siglos – afirmó el Pontífice – esta Plaza constituye el punto de encuentro de los ciudadanos y el ámbito donde se desarrolla el mercado. Por ello, se llama: Plaza del Pueblo, o simplemente ‘la Plaza’, espacio público en el cual se toman decisiones relevantes para la ciudad en el Palacio Municipal y se desarrollan  iniciativas económicas y sociales”.

La Plaza, señaló el Papa, es un lugar emblemático, donde las aspiraciones de los individuos se confrontan con las exigencias, las expectativas y los sueños de la entera ciudadanía; donde los grupos particulares, agregó el Santo Padre, toman conciencia que sus deseos deben estar en armonía con aquellos de la colectividad. “Donde se aprende que, sin perseguir con constancia, empeño e inteligencia el bien común, ni siquiera los individuos podrán beneficiarse de sus derechos y realizar sus más nobles aspiraciones, porque disminuiría el espacio ordenado y civil en el cual vivir y obrar”.

“La centralidad de la plaza – precisó el Papa Francisco – envía por lo tanto el mensaje que es esencial trabajar todos juntos por el bien común. Y esta es la base del buen gobierno de la ciudad, que la hace bella, sana y acogedora, lugar de encuentro de iniciativas y motor de un desarrollo sostenible e integral”. En este sentido, el Santo Padre precisó que es necesario una buena política para la vida común de un pueblo, que no de espacio a las ambiciones individuales o a la prepotencia de algunas facciones o centros de interés; sino una política que sea responsable, valiente y prudente al mismo tiempo; que haga crecer la participación de las personas, su progresiva inclusión y pertenencia. Es decir, subrayó el Pontífice, una política que sepa armonizar las legítimas aspiraciones de los individuos y de los grupos teniendo el timón firme en los intereses de la entera ciudadanía.

“Este es el rostro auténtico de la política y su razón de ser – puntualizó el Papa Francisco – un servicio inestimable por el bien de la entera colectividad. Y este es el motivo por el cual la doctrina social de la Iglesia la considera una noble forma de caridad. Por ello, invito a los jóvenes y más pequeños a prepararse adecuadamente y comprometerse personalmente en este campo, asumiendo desde ahora la perspectiva del bien común y rechazando incluso toda mínima forma de corrupción”.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco recordó que toda la Región de Emilia-Romaña ha sido siempre una tierra que tiene la pasión por la política. “Quisiera decir a todos – agregó el Papa – descubran también para hoy el valor de esta dimensión esencial de la convivencia civil y den su contribución, siempre listos para hacer prevalecer el bien del todo sobre la parte; siempre listos a reconocer que toda idea debe ser verificada y remodelada en relación con la realidad”.

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