Es la hora en que comienza la noche, los discípulos permanecen encerrados en la casa, llenos de miedo, con el dolor de la ausencia, tentados por el desánimo y la incredulidad, ambiente poco propicio para inventos luminosos. El trauma sufrido es demasiado fuerte como para jugar a visiones fantásticas, que les perecerían irrespetuosas.
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