Es consolador escuchar y leer, que los discípulos eran gentes como nosotros, llenos de pequeños y grandes defectos, de tantas debilidades como vemos en nosotros mismos. El deseo de recompensa, de ocupar los primeros lugares, la indignación contra los que quieren acaparar el éxito o el fracaso, no nos resulta extraño a nuestro proceder en ocasiones. Por eso, parece saludable, que Jesús confié a estos hombres cooperar en su Reino.
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