Normalmente la fe se recibe de la Comunidad y se vive en Comunidad. La tentación de ser cristianos “por libre” y a su aire es ya antigua. Es más o menos conocido el caso del docto Victorino que San Agustín narra en el capítulo VIII de sus “Confesiones”. Iluminado por las Escrituras le decía confidencialmente a su amigo Simpliciano: ¿Sabes que soy cristiano? Y éste respondía. No lo creeré hasta que no te vea en la Iglesia. Victorino temía las chanzas de intelectuales paganos y argumentaba que las paredes no hacen cristianos. Pero al final dice San Agustín “hizo la profesión de fe con gran entereza.”
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