A los que llegan con su botijo a llenarlo con agua del pozo de Jacob, les recuerdo que estamos explicando la alegoría de la Fragua que imaginó el joven Claret para encauzar su conversión de joven cristiano disipado y atrapado por la afición a la industria textil. Lo ha decidido radicalmente. Deja todo para conseguir esa perla preciosa.
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