jueves, 6 de octubre de 2016

El Evangelio del Día

viernes 07 Octubre 2016 Viernes de la vigésima séptima semana del tiempo ordinarioSan Marcos de Roma Leer el comentario del Evangelio por San Buenaventura : Si es por el Espíritu de Dios que expulso demonios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a vosotros   (Mt 12,28) Pablo a los Gálatas 3,7-14. Hermanos: Reconozcan, entonces, que los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen fe. La Escritura, previendo que Dios justificaría a los paganos por la fe, anticipó esta buena noticia a Abraham, prometiéndole: En ti serán bendecidas todas las naciones. De esa manera, los que creen son los que participan de la bendición de Abraham, el creyente. En efecto, todos los que confían en las obras de la Ley están bajo una maldición, porque dice la Escritura: Maldito sea el que no cumple fielmente todo lo que está escrito en el libro de la Ley. Es evidente que delante de Dios nadie es justificado por al Ley, ya que el justo vivirá por la fe. La Ley no tiene en cuenta la fe, antes bien, el que observa sus preceptos vivirá por ellos. Cristo nos liberó de esta maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, porque también está escrito: Maldito el que está colgado en el patíbulo. Y esto, para que la bendición de Abraham alcanzara a todos los paganos en Cristo Jesús, y nosotros recibiéramos por la fe el Espíritu prometido. Salmo 111(110),1-2.3-4.5-6. Doy gracias al Señor de todo corazón, en la reunión y en la asamblea de los justos.Grandes son las obras del Señor: los que las aman desean comprenderlas.Su obra es esplendor y majestad, su justicia permanece para siempre.Él hizo portentos memorables, el Señor es bondadoso y compasivo.Proveyó de alimento a sus fieles y se acuerda eternamente de su alianza.Manifestó a su pueblo el poder de sus obras, dándole la herencia de las naciones. Lucas 11,15-26. Habiendo Jesús expulsado un demonio, algunos de entre la muchedumbre decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios". Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo. Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra. Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: 'Volveré a mi casa, de donde salí'. Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada. Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio". Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. Leer el comentario del Evangelio por : San Buenaventura (1221-1274), franciscano, doctor de la Iglesia Vida de San Francisco, Legenda major, cap. 12 (trad. Jesús Larrínaga, o.f.m. -BAC 399-  Madrid, 1998, 7ª edición (reimpresión), págs. 377-500) Si es por el Espíritu de Dios que expulso demonios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a vosotros   (Mt 12,28)       En verdad, asistían al siervo Francisco -adondequiera que se dirigiese- el Espíritu del Señor, que le había ungido y enviado, y el mismo Cristo, fuerza y sabiduría de Dios (Is 61,1), para que abundase en palabras de sana doctrina y resplandeciera con milagros de gran poder. Su palabra era como fuego ardiente que penetraba hasta lo más íntimo del ser y llenaba a todos de admiración, por cuanto no hacía alarde de ornatos de ingenio humano, sino que emitía el soplo de la inspiración divina.       Así sucedió una vez que debía predicar en presencia del Papa y de los cardenales por indicación del obispo ostiense. Francisco aprendió de memoria un discurso cuidadosamente compuesto. Pero, cuando se puso en medio de ellos para dirigirles unas palabras de edificación, de tal modo se olvidó de cuanto llevaba aprendido, que no acertaba a decir palabra alguna. Confesó el Santo con verdadera humildad lo que le había sucedido, y, recogiéndose en su interior, invocó la gracia del Espíritu Santo. De pronto comenzó a hablar con afluencia de palabras tan eficaces y a mover a compunción con fuerza tan poderosa las almas de aquellos ilustres personajes, que se hizo patente que no era él el que hablaba, sino el Espíritu del Señor.  Y como primero se convencía a sí mismo con las obras de lo que quería persuadir a los demás de palabra, sin que temiera reproche alguno, predicaba la verdad con plena seguridad. No sabía halagar los pecados de nadie, sino que los fustigaba; ni adular la vida de los pecadores, sino que la atacaba con ásperas reprensiones. Hablaba con la misma convicción a grandes que a pequeños y predicaba con idéntica alegría de espíritu a muchos que a pocos. Hombres y mujeres de toda edad corrían a ver y oír a este hombre nuevo, enviado al mundo por el cielo. Él, recorriendo diversas regiones, anunciaba con ardor el Evangelio, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que la acompañaban (Mc 16,20)."En el nombre del Señor", en efecto, este heraldo de la verdad, "curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios"(Mc. 16,17; 6 13).

from Gmail
via IFTTT

No hay comentarios:

Publicar un comentario