jueves, 24 de mayo de 2018

Comentario al Evangelio del domingo, 27 de mayo de 2018

El amor no se comprende, se agradece. Cuenta la historia que san Agustín estaba un día paseando por la playa. Meditaba sobre Jesucristo, su relación con el Padre, al que Jesús siempre llamaba “Abba” que significa “papaíto” en arameo, y sobre el Espíritu Santo que habían recibido los apóstoles el día del Pentecostés. Y no terminaba de comprender. ¿Era un solo Dios? ¿Eran tres? ¿Tres personas y un solo Dios? ¿Tres dioses y una sola persona? Daba vueltas y vueltas en la cabeza a aquellas ideas y cada vez se encontraba más confuso. Pero estaba decidido a comprenderlo y le seguiría dedicando sus mejores esfuerzos.



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