Mis perseguidores y mis enemigos son sin cuento, pero no me aparté de tus testimonios. El principio de tu palabra es la verdad, tus juicios son justos para siempre. Si bien los príncipes me perseguían sin razón, mi corazón temía más a tus palabras. Una paz grande para los que aman tu Ley, nada podrá hacerlos tropezar. Espero, Señor, tu salvación, y pongo en práctica tus mandamientos. Observo tus ordenanzas, tus testimonios, a tu vista están todos mis caminos.
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